Reacción química por fin controlada

Hoy he descubierto que ya no me importa, he tenido tiempo para pensar y he sopesado todas mis posibilidades y mi conclusión ha sido que no le quiero y que no me importa. Me encanta pensar así, me encanta volver a ser la de antes, la que todo el mundo me decía se parecía a Dana… ¿Os acordáis de Dana? Aquella gata solitaria de ojos verdes y afilados; que salía y dejaba un rastro de inmortalidad tras de sí. Ella se parecía a mi, recordad que fui yo quien la creó y que sin mí ella nunca hubiese existido y, recordad también, que cuando ella murió una parte de mi se esfumó con ella.

Porque fue entonces cuando me volví vulnerable frente a su manera de hablar, su forma de mirar y el color a dulzura de esa sonrisa tan encantadora que te robaba el corazón y se llevaba tu cordura. Supongo que es eso que suelen llamar amor, eso que dicen que tiene que volverte loco pues si no te vuelves loco por amor, nada merecerá la pena. Pero a mi me robó algo más, me robó la fuerza que tenía, la única manera que tenía de protegerme era fingir que no sentía nada y él acabó con eso. Y me volví débil. Me convertí en una criatura mansa, reprimí mi maldad por quererle y al final no sirvió para nada.

Lloré cuando me dejaste, cuando me cambiaste por cualquier otra, cuando comencé a imaginarte con ella en la cama acariciando su espalda mientras la mirabas a los ojos. Después te odié y grité hasta quedarme sin voz y al final dejé de pensarte y de recordarte, para olvidarte creé un pozo de vacío en mis sueños.

Y hoy sin querer mi mente ha volado hasta ti y me he dado cuenta de que simplemente has desaparecido de mi vida entera. Porque soy única y tengo la capacidad de olvidar, de odiar y de no querer.

Porque nunca me enamoro, porque soy tan egoísta que nunca voy a querer a nadie.

Yo no me enamoro.