Hay días que cuando me levanto y miro al cielo todavía está oscuro y me gustaría volverme a dormir pero no puedo. Intento recordar qué es lo que he soñado pero nada me viene a la cabeza, solamente el recuerdo vago de una de las pesadillas que tuve mientras dormía y que me arrancó las lágrimas en sueños y en realidades de las que no me puedo evadir nunca.
Dicen que nunca se debe decir jamás, pero el dolor que me corroe las entrañas me quema el alma y el corazón. Y me gustaría ser la chica que era antes, aquella de la cual decían tenía una luz diferente y brillante. Me gustaría volver a reír hasta llorar y no preocuparme por nada. Pero todo eso ha desaparecido y no queda de mi absolutamente nada.
Absolutamente nada. Recuerdos, tiempo y soledad.
Firmado, Bela.
