Now or never.

De nuevo sale. Una noche más, una última noche. Quiere volver a verle, quiere despedirse.

La lluvia arrecia su rostro, pálido por la enfermedad que se la come por dentro. El viento le azota el cabello revolviéndoselo sin piedad. No importa…

Camina sin saber adónde, solamente sabe que quiere despedirse de él. No se volverán a ver nunca. Cuando llega al local de siempre, completamente mojada y con lágrimas batiéndole el rostro, él al verla se levanta aprisa y la abraza con fuerza. Le pregunta qué le pasa una y otra vez, pero ella no contesta. No tiene fuerzas para hablar.

Se deja conducir hasta un rincón apartado y, mientras él le quita el pelo de la cara, ella sigue llorando en silencio. Entonces reacciona y le dice que se ha acabado todo, que por fin ha llegado la hora de marcharse. Él la mira sin comprender; tonterías, se dice a sí mismo una y otra vez. Mas entonces ella le da un beso, uno como nunca antes le había dado. Mezclado con las lágrimas y la desesperanza, sintiendo su mano suave en su cara. El mundo se para durante un minuto.

Ella se levanta de la silla y se va, en silencio. Muda. Y de nuevo camina.

La noche es tormentosa, las olas arremeten contra las rocas del acantilado. Dana mira a su alrededor y sólo ve la lluvia caer. Está sola, nadie la detendrá, es ahora o nunca. Da un paso más y se ve al borde del precipicio. Es ahora o nunca…

Salta y cuando lo hace siente la adrenalina recorrer su cuerpo, cierra los ojos y cuando siente su choque contra el mar nota como mil clavos helados atraviesan su cuerpo. Se deja llevar por la corriente, no hace fuerza, no abre los ojos, no se esfuerza por salir a la superficie aunque necesite aire. Una nebulosa barre su mente, ya no le duele tanto el cuerpo… Ya no nota los clavos… Parece que morir no era tan difícil… Fue bonito mientras duró.