7…

Despiertan, y con ellos la luz del día. El Sol se asoma tímidamente por entre las nubes y a ella, al mirar por la ventana, la ciudad se le aparece menos fría que de costumbre. Desayunan ambos tranquilamente en silencio intercambiando miradas que no dejan dudas de lo que ambos sienten. Salen del hotel y caminan sin rumbo pues nada es importante excepto ellos dos y ahora se tienen el uno al otro, sus corazones ya no están moribundos.
-¿Por qué no viniste a verme de nuevo? Empezaba a pensar que no querías saber más de mí, que te arrepentías de haber pasado tiempo con alguien como yo, con alguien que se ha estado dejando morir durante meses.

-No fui porque estoy asustado, porque tengo miedo de quererte y que tú no me quieras, no he ido a verte dos semanas eternas porque he querido olvidarte. Apenas dormí hasta anoche, pensaba en ti continuamente y me preguntaba qué hacías.-Contesta él mirándola a los ojos.
-¿Y tu mujer?
– Ella ya no es mi mujer, la dejé después de verte por primera vez. Me di cuenta de que no éramos una pareja, ella apenas me miraba ya y lo peor es que fue todo culpa mía. Apenas llevábamos unos años casados y parecíamos dos desconocidos, ella no era el amor de mi vida. ¿Lo entiendes?
-Sí…
-¿Y tú, qué decides? Sabes que estoy a tu merced, sabes que lo que tú digas lo haré.
Están en medio de un parque, no hay nadie, los árboles los miran desde las alturas, podrían llorar si poseyeran los ojos. Ambos están de pie, uno frente al otro y no hacen movimientos, sólo se miran. Él está esperando a que ella conteste y aquel instante de silencio entre ambos se hace tristemente eterno.

-Yo…No lo sé, ayer quería verte con todo mi ser y ahora estamos aquí en un mundo que parece haber callado para escuchar a nuestros corazones. Quiero creer en ti, quiero pensar que sí me quieres, pero no sabes el miedo que me da volver a sentir tal abandono…No quiero volver a salir a la calle para ganar dinero, no quiero recorrer la cama de más hombres para sentir sólo su dolor y su desesperación. Pero todo esto… parece sacado de un cuento, irreal y por eso tengo miedo.
-Sabes que yo nunca te abandonaría. Ahora que te he encontrado, sé que eres tú la persona que por la que he vivido todo este tiempo y por eso jamás te haría sufrir tanto.

Ella le mira, las lágrimas brotan de sus ojos, negándose a permanecer por más tiempo en su celda. No sabe qué hacer, todo su cuerpo está paralizado.
-No me digas esto si no es verdad, te lo suplico.
-Sabes que sí lo es, déjame demostrártelo.
Ella comienza a andar y él se queda ahí quieto mirando cómo su ángel se marcha. Ahora solamente le queda esperar…

Noche cerrada, ella en su piso se levanta sin encender las luces y se dirige al salón, donde se encuentra el piano. Se sienta y comienza a tocar una melodía suave y dulce que le hace pensar en lo feliz que es. Entonces por detrás de ella unas manos se posan sobre sus hombros y una voz muy tranquila le dice:
-Te quiero, nunca lo olvides.
Ella sonríe con los ojos cerrados mientras continúa tocando esa melodía que los envuelve a ambos.

Dulce instante, efímero y eterno. Tan mágico, perfecto e inmutable, que ninguno de los dos desea que pase el tiempo, el mundo puede esperar, ellos están juntos y la vida no va a dejar que vuelvan a tener miedo.