5.

por palabrasinaudibles

Pierden el control, se arrancan la ropa con ansia. Ella le mira a los ojos en un momento de lucidez en medio de aquella locura y adivina que ambos desean lo mismo, sin reservas, sin miramientos. Se tocan y se besan como locos, ruedan por el suelo y en medio de caricias, gemidos, risas y placer; pasan la noche que se ha dispuesto para ellos y nadie más.

Amanece por fin, ellos duermen abrazados, como si no pudieran separarse el uno del otro, ahora se necesitan. Ella despierta y mirando a su alrededor se levanta sin comprender cómo ha pasado todo, está incrédula porque ha sentido en una noche lo que llevaba meses sin intentar alcanzar siquiera, lo que no concebía volver a notar. Camina por la habitación, que a la luz del día se le antoja ser un palacio en miniatura, y busca su vestido, se lo pone y con una mirada busca los zapatos. Se calza y con esto se marcha, dejándolo a él dormido en el mundo de fantasía con el que quizá sueñe aun. Sale a la luz del sol del frío invierno, le resulta agradable la mezcla de sensaciones. Se siente bien por primera vez en tanto tiempo…Llega a su casa con una sonrisa pintada en los labios, pero nada más entrar al piso todo esto se desvanece, los recuerdos vuelven a abrumarla y se derrumba aquel atisbo de nueva felicidad.

El agua fría, su cuerpo; el piano, la música; libros y más libros que cubren las estanterías, horas que ella permanece sentada en el sillón leyendo a la Nela que, como desde niña le roba las lágrimas. De pronto piensa en el hombre con el que ha pasado la noche por segunda vez y ve que aun no sabe su nombre, quizá sea mejor porque si se lo dice entonces se convertirá en una realidad y ella no quiere que lo sea. En un gesto de resignación echa la cabeza hacia atrás, no quiere volver a salir, al menos esa noche no. Entonces tocan al timbre e la puerta, ella sorprendida se levanta y con el vaso de vino que tiene en la mano desde hace un rato se levanta para abrir la puerta. Ante sus ojos aparece él. Ella le mira sin saber que hacer y él le pregunta si puede pasar, a lo que ella responde moviéndose del hueco de la puerta. Ella lo observa andar hasta el sofá y en su escrutinio descubre a un hombre de ojos azules e inexplicable pelo rubio, muy corto; el traje elegante que lleva le da aspecto de no tener tiempo excepto para lo que al trabajo concierne, lo que a ella se le aparece muy triste. Él se sienta como si de su casa se tratase y la mira con esos ojos que callan el alma, a la espera de que ella se siente junto a él.

Durante mucho rato hablan, de cosas banales, sin importancia, hasta que él dice:
-¿Qué te hace tanto daño?¿Qué fue lo que te hizo sufrir tanto?
Ella lo mira y con una triste sonrisa le cuenta todo: la primera vez que lo vio en el hospital, cómo pronto se fueron a vivir juntos creando un mundo de fantasía para ellos dos, cómo de pronto un día él se marchó sin darle una explicación a parte de que no la quería y era mentira, eso era lo peor y ella lo sabía. Le cuenta también cómo durante días estuvo dejándose morir hasta la noche en que salió de casa y él la encontró para preguntarle si trabajaba, a partir de entonces, le dice, hizo lo mismo cada noche, aprendiendo que no debía dejarse engañar por los sentimientos, que cada vez que se acostaba con un hombre debía alejarse de toda sensación y darle únicamente lo que él pedía, para luego llevarse su dinero a casa.

Se quedan en silencio y él le pasa la mano por la cara, al mismo tiempo que ella cierra los ojos para disfrutarla, se le hace preciosa aquella simple caricia…