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por palabrasinaudibles
Hoy no tengo hambre, no voy a comer, está decidido. Y como no tengo hambre no probaré bocado hasta que las tripas me desgarren y esté mareada, entonces me llevaré algo a la boca y me pensaré si de verdad me apetece comer. Lo dejaré a los dos bocados y me iré corriendo al baño, para retocarme el maquillaje de la cara y la camiseta ajustar.
En realidad, eso no es más que una bonita función. Todos los días me levanto y me miro al espejo, me pongo de perfil y procuro verme perfecta. Salgo del cuarto de baño y sonrío a mi madre que siempre me dirige una mirada preocupada, dice que estoy muy delgada, pero yo me veo como siempre pienso, de hecho, que no estaría mal si adelgazara un par de quilos más, así seguro que me sentiría mejor. Me siento frente a la mesa y me tomo mi caso de zumo de naranja y la tostada con mermelada que tanto me gusta. Está riquísima.
El caso es que después de comerme mi tostadita me siento mal, porque hace un momento estaba pensando en adelgazar un poquito, así que vuelvo a ir al baño y me aseguro de que sigo bien vestida, esta vez he cerrado la puerta con pestillo.Me voy a clase y en todo el día no como nada, sólo doy pequeños sorbitos a una botellita de agua que llevo conmigo y mis amigas empiezan a mirarme raro. Creo que tienen envidia, ven que estoy cada vez más guapa.
Normalmente funciona así, pero hoy al dar el primer traguito a mi zumo matutino me ha dolido la garganta, así que he decidido que hoy no tengo hambre. Lo malo es que me siento un poco cansada, pero creo que estoy consiguiendo ser más guapa, más perfecta. Y me da pena, porque mis amigas siguen mirándome mal y diciéndome que tengo un problema y que si no me doy cuenta. Yo sé que el problema lo tienen ellas pero claro, a ver quién se lo hace entender.
Cuando llego a casa ni saludo a mamá, que últimamente tiene unas hojeras horribles y me voy directa al baño, me encierro y me pongo de lado frente a este maldito espejo que me muestra una imagen de una chica fea y demacrada que, evidentemente no es lo que era y que no soy yo, porque estoy perfecta.
Me inclino ante la taza el váter y me meto los dedos en la boca todo lo que puedo, me dan arcadas y nada sale de mi estómago; vuelvo a intentarlo y esta vez ese líquido que a mí tanto asco me da sale. Ahora estoy mejor.
Me meto en mi cuarto y después de fumarme un porro, costumbre que cogí hace poquito al salir una noche a escondidas. Me voy por la ventana, con una falda preciosa y una camisa que me descubre un hombro. Estoy radiante, radiante de locura, de debilidad. Sé dónde econtrarle.
En un antro, los dos a oscuras reímos de nada, vamos colocados hasta la médula. Y entonces él me besa pero yo ya no quiero que me toque, me da asco. Él vuelve a intentarlo pero yo me zafo y me voy corriendo, aunque apenas veo por donde.
Cuando llego a casa voy directa al baño y vomito hasta que se me saltan las lágrimas, y cuando me levanto pierdo el equilibrio y me caigo hacia atrás. Buenas noches.
Fin del primer acto.
