Hoy juego a ser una niña

Las dos comen pasteles de sabor a fresa y vainilla. Ríen lindo y se miran a los ojos, no importa el resto del mundo, porque por algo tienen ocho años dulces y sencillos.

Entonces la pequeñita de los ojos verdes se sienta muy tiesa muy tiesa y con aire de solemnidad levanta una manita, cual reina en su trono, y sin avisar ordena a su servidora con un gesto pequeñito, pequeñito que se marche. Entonces abre los ojitos cuya expresión es de rota seriedad y se echa a reír a gritos.

Es una actriz excelente y ya lo sabe. Su amiga la mira muy seria, porque ella no es menos y también quiere ser reina, pero en lugar de eso, se sube encima de la cama y comienza a bailar.

La otra se queda mirándola anonadada. No es posible que baile tan bonito, tan pequeñita.