Luces y escenarios.

por palabrasinaudibles

Se apagan las luces. Comienza el espectáculo. La música empieza a sonar y entonces aparece ella. Es una chica normal, lo se porque la conozco, he hablado un par de veces con ella, pero ahora está encima del escenario y la chica dulce y tímida que yo conozco ha desaparecido, en su lugar contemplo a un ángel caído del cielo. La música suena, sus movimientos son ligeros y gráciles. Da una pirueta tras otra, todas son perfectas. Sus ojos abiertos en todo momento brillan de emoción, muestran que esos movimientos son parte de ella, el gesto suave de sus brazos nos hace creer de verdad que no le supone ningún esfuerzo.

 Toda presencia en este teatro la sigue hipnotizada con la mirada. Ella nos transporta a otro mundo con su baile y su magia particular.

 Han pasado unos diez minutos desde que empezó, pero se me han antojado unos pocos segundos, entonces muy a nuestro pesar termina. El ángel ha acabado su actuación pero no se rompe el hechizo, la magia está en el aire. Con una última reverencia ella se despide entre aplausos y el escenario se queda vacío, a la misma vez que la vemos desaparecer entre los telones, como si volviera a los cielos de donde ha descendido, a pesar de todo esa corriente mágica continúa en el ambiente haciéndonos sentir diferentes.

 La danza de los ángeles, como así la he llamado yo siempre, no es solamente una serie de pasos combinados y muchas horas de ensayos que pueden verse frustrados en cualquier momento. La danza de los cielos implica amor, pasión, fuerza y delicadeza; dedicación pura del alma.

 Adoro verla bailar porque cuando lo hace no es sólo en mí sobre quien hace efecto, sino en todo aquel que la contempla. Sé que ella es bailarina porque se despierta soñando con bailar y se acuesta pensando en lo mismo. Sé que es bailarina porque la primera vez que entró en una clase de ballet se quedó sin palabras y no quiso marcharse de allí  hasta que terminó.

Ella morirá encima de un escenario, aclamada por miles de personas por haber conmovido el mundo, hasta entonces una noche tras otra subirá a infinitos escenarios y tejerá magia para nosotros al son de la dulce melodía de su acompañante, la música.